Yo adivino el parpadeo

de las luces que a lo lejos

van marcando mi retorno.

Son las mismas que alumbraron,

con sus pálidos reflejos,

hondas horas de dolor,

y aunque no quise el regreso

siempre se vuelve al primer amor.

La vieja calle, donde el eco dijo

tuya es su vida, tuyo es su querer,

bajo el burlón mirar de las estrellas

que, con indiferencia, hoy me ven volver.

Volver con la frente marchita,

las nieves del tiempo platearon mi sien.

Sentir que es un soplo la vida,

que veinte años no es nada,

que febril la mirada,

errante en las sombras

te busca y te nombra,

vivir con el alma aferrada

a un dulce recuerdo

que lloro otra vez.

Tengo miedo del encuentro

con el pasado que vuelve

a encontrarse con mi vida.

Tengo miedo de las noches,

que pobladas de recuerdos,

encadenan mi soñar.

Pero el viajero que huye

tarde o temprano detiene su andar.

Y aunque el olvido, que todo lo destruye,

haya matado mi vieja ilusión,

guardo escondida una esperanza humilde

que es toda la fortuna de mi corazón.


Volver, Carlos Gardel.